
A lo largo de su trayectoria, Xiu Xiu ha intentado hacernos sentir el terror abrumador y la enorme confusión que producen las experiencias de la vida cotidiana a través de su música. Desde su primer disco, Knife Play (2000), el grupo ha dejado claro que la descripción de estas situaciones no es sólo el tema central de su música, sino también su propia razón de ser. Para Jaimie Stewart cada canción documenta la vida, la propia, además de la de las personas próximas o lejanas.
El sonido es el puente a través del cual este grupo ha logrado expresar su angustia existencial. A casi diez años de haber iniciado este proyecto, Jaimie Stewart afirma que la evolución del sonido de Xiu Xiu—esencialmente new wave de los ochentas, sintetizadores, IDM y percusiones asiáticas— ha estado marcada por la rotación de integrantes en el grupo. En los primeros tres años de su trayectoria, este grupo tuvo once colaboradores distintos: miembros del dúo electrónico Yellow Swans, de Deerhoof, del grupo de improvisación Good for Cows y del trío de jazz-pop Dead Science, entre otros. Esta naturaleza colaborativa del proyecto ha propiciado un sonido fresco, excéntrico y en constante evolución.
Si en su primer disco Xiu Xiu se expresaba a través de ruidos melódicos basados en percusiones e instrumentos de viento metal; en su segunda producción, A Promise (2003), el resultado es casi acústico y lleno de confrontaciones musicales: sonidos altos combinados con silencios largos, melodías con formas libres, y cantos con gritos. La guitarra y la programación electrónica sólo sirven como texturas para esa colección de sonidos extremos. Su tercer disco, Fabulous Muscles (2004), da un giro hacia el pop y la experimentación más académica. Asimismo, en este disco se hace mucho más evidente la influencia de la música de percusiones asiáticas –el gamelán de Bali, las marchas funerales de China y el Kabuki Japonés–. A través de estos sonidos, Xiu Xiu construye paisajes sonoros que parecen emular las emociones humanas más volátiles, y cuando éstos se mezclan con las letras de Stewart, la música le da un nuevo significado a las palabras. El trabajo de Xiu Xiu en La Foret (2005) y Women as Lovers (2008) permaneció en esta misma línea temática y musical.
En Dear God, I Hate Myself (2010), al igual que en los discos anteriores, vuelve a tratarse la sexualidad como un elemento esencial de la experiencia humana. Para Xiu Xiu la sexualidad es un impulso que mueve al mundo, es decir, es un aspecto fundamental que explica gran parte de las incertidumbres internas a las que la gente se somete, y que por lo tanto, tiene un impacto determinante en todas las relaciones que establecemos, incluso las de la política.
Dicho esto, no es sorprendente que el nombre del disco Dear God, I Hate Myself, provenga de una noche de angustia en la que Jamie Stewart, al sentirse extremadamente confundido sobre el curso de su vida, se hincó dirigiéndose a Dios para decir las palabras con las que posteriormente nombraría su último proyecto. Después de haber trabajado casi ocho años con Carallee McElroy, la prima de Stewart, Xiu Xiu se despide de ella para darle el pase a Angela Seo. Esta excelente tecladista lleva colaborando tangencialmente con la banda desde hace dos años. Sin embargo, no es sino hasta la producción de este nuevo disco, que se convirtió en miembro oficial de la banda, y consecuentemente en una nueva fuente de inquietantes propuestas. El resultado ha sido grandioso. Angela Seo logró impulsar las canciones de Stewart a sitios más amplios y arriesgados, pero sin alejarlas del estilo fracturado que las caracteriza. Igual que siempre, Stewart se desvía de la figura tradicional del cantautor acústico, hacia un estilo de electro-art rock que evoca a Joy Divison, New Order y a The Human League en sus primeros años. La producción del disco estuvo en manos de Greg Saunier, integrante de Deerhoof, que junto con Jaimie Stewart y sus demás colaboradores —Ches Smith, John Dieterich, y la Immaculata Catholic School Orchestra—, lograron un sonido pop cercano al gótico, aunque con percusiones discordantes, melodías dulces, letras lúdicas, algunas veces oscuras.
El ritmo del disco absorbe de principio a fin. El estribillo de la primera canción “Gray Death”: “Beat! Beat! Beat! Beat to death…”, los solos alternados de guitarras, los pianos reverberados, las cajas de ritmos y los sonidos juguetones de “Chocolate Makes You Happy” y “Apple for the Brain”, así como la colección de timbres de Nintendo y de animales salvajes que retozan en el fondo de canciones como “Dear God I Hate Myself” que evocan a piezas de Matmos, Mathew Herbert o Autechre, hacen en conjunto de los elementos de Dear God, I Hate Myself, un reto: nos exigen volcar la mirada hacia nosotros mismos. Pero para que esto suceda, uno tiene que dejarse llevar y extraviarse en los pulsos de la música. El disco es definitivamente apasionado, energético y, como todas las aventuras de Xiu Xiu, afecta en algo profundo de la esencia humana.
Para aquellos que ya conocen este grupo y para aquellos que todavía no, les avisamos que próximamente se presentarán en la Ciudad de México:
Fecha: sábado 26 de junio de 2010
Hora acceso: 21 hrs
Lugar: Pasagüero
Dirección: Motolinia 33, Centro Histórico, D.F.
Costo: 200 (más cargos)
Boletos: Disponibles a través del sistema E-Ticket o en los puntos de venta E-Ticket.